La respuesta corta: Picasso y la danza se cruzaron entre 1917 y 1925. Diseñó telones, decorados y trajes para cinco espectáculos de los Ballets Rusos de Diaghilev —Parade, El sombrero de tres picos, Pulcinella, Cuadro flamenco y Le Train Bleu—, se casó con Olga Khokhlova, bailarina de la compañía, y en 1925 pintó Las tres bailarinas (Tate, Londres).

Olga Khokhlova en el ballet «Carnaval», con un bailarín no identificado; fotografía de autor desconocido, fechada por la BnF entre 1911 y 1917. Dominio público: Bibliothèque nationale de France (Bibliothèque-musée de l’Opéra), vía Wikimedia Commons.
Roma, febrero de 1917: cómo empezaron Picasso y la danza
El encargo llegó en plena Primera Guerra Mundial. El poeta Jean Cocteau convenció a Picasso para diseñar un ballet de la compañía de Serguéi Diaghilev, que durante la guerra trabajaba desde Roma, y los dos viajaron allí en febrero de 1917. Se alojaron en el Hotel de Russie, junto a la Piazza del Popolo, y Picasso trabajó en un estudio de la Via Margutta. Con Cocteau, el coreógrafo Léonide Massine y Stravinsky bajó a Nápoles y a Pompeya, donde vio de cerca la commedia dell’arte. Y en los ensayos de Les Femmes de bonne humeur se fijó en una bailarina de la compañía, Olga Khokhlova.
Un hombre como Picasso, cuya curiosidad se detuvo en todas las disciplinas artísticas aportando a cada una una visión nueva y soluciones imprevistas, no podía quedar ajeno al teatro. De aquella primavera en Italia salieron dos cosas: un ballet que cambió la escenografía del siglo XX y un matrimonio.
Parade (1917): el cubismo sube al escenario
Parade se estrenó el 18 de mayo de 1917 en el Théâtre du Châtelet de París: argumento de Cocteau, música de Erik Satie, coreografía de Massine y Ernest Ansermet en el foso. Cocteau metió en la partitura una máquina de escribir, una sirena, botellas y un pistoletazo, para disgusto del propio Satie.
Picasso firmó el telón, el decorado y los trajes. Los tres managers —los personajes que intentan atraer al público hacia la barraca— bailaban dentro de construcciones cubistas de cartón de casi tres metros; apenas podían moverse, así que el movimiento tuvo que estilizarse alrededor del traje. Es el ejemplo más radical de algo que Picasso entendió antes que casi nadie: el vestuario no es un adorno que se pone encima del bailarín, es una condición de su movimiento. Cualquiera que haya bailado con tutú lo sabe; lo contamos en cómo se hace un tutú de plato.

«Parade» (Ballets Rusos de Serguéi Diaghilev, 1917): el caballo (tercer manager) y los otros dos managers, bailarines dentro de las construcciones cubistas diseñadas por Pablo Picasso. Fotografías de Harry B. Lachman (1886-1975), 1917, © herederos del autor; dos de los negativos se conservan en el Victoria and Albert Museum, Londres (S.5418-2009 y S.5409-2009). Reproducidas de «Collection des plus beaux numéros de Comoedia illustré et des programmes consacrés aux ballets et galas russes, 1909-1921» (M. de Brunoff, París, 1922), f. 176v. Fuente de la reproducción: gallica.bnf.fr / Bibliothèque nationale de France, Bibliothèque-musée de l’Opéra, B-144, gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b8415200k/f355. Decorados y vestuario: © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2026. Imagen reproducida a título de cita, para su comentario crítico (art. 32.1 TRLPI).
El telón mide 10,5 por 16,4 metros, está pintado a la cola sobre lienzo y es la obra de mayor tamaño que salió de las manos de Picasso: una yegua alada que amamanta a su potro, un arlequín, un guitarrista y una bailarina en una escena de feria. Pertenece al Centre Pompidou de París desde 1955 y se restauró en 2022. El estreno fue tormentoso: parte del público abucheó y hubo quien insultó a Picasso llamándole «boche», alemán. En el programa de mano, Guillaume Apollinaire habló de «una especie de surrealismo», siete años antes del primer manifiesto de André Breton (1924).
En España, Parade se vio en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona el 10 de noviembre de 1917, con Picasso en la sala, y ese mismo año en el Teatro Real de Madrid, a petición de Alfonso XIII: al rey le entusiasmó; al público madrileño, no.
El sombrero de tres picos (1919): la España de Falla, vista por Picasso
La segunda colaboración nació en Madrid. En abril de 1917 se estrenó en el Teatro Eslava la pantomima El corregidor y la molinera, con música de Manuel de Falla, libreto de Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga sobre la novela de Pedro Antonio de Alarcón, y la Orquesta Filarmónica de Madrid dirigida por Joaquín Turina. Diaghilev, que había conocido a Falla a través de Stravinsky en la primera gira española de la compañía (1916), la convirtió en ballet y encargó a Picasso el telón, el decorado y los figurines.
El sombrero de tres picos se estrenó el 22 de julio de 1919 en el Alhambra Theatre de Londres, con coreografía de Massine —que bailó el molinero, con Tamara Karsavina de molinera— y Ansermet en el podio en lugar de Falla. Es la obra de esta lista que mejor ha envejecido: el Ballet Nacional de España la baila con la coreografía de Antonio Ruiz Soler (estrenada en Granada en 1958) y con la escenografía y los figurines de Picasso, adaptados por Jesús Acevedo, en una reposición que se estrenó el 18 de junio de 2016 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Esa función completa está en el canal de YouTube del BNE desde 2020, y la compañía la volvió a bailar en el Condeduque de Madrid en agosto de 2023.
Su telón tiene una historia aparte: colgó cincuenta y cinco años en el restaurante Four Seasons del edificio Seagram de Nueva York (1959-2014) y desde 2015 se expone en la New-York Historical Society, que lo considera el mayor Picasso pintado que hay en Estados Unidos.
Pulcinella (1920) y Cuadro flamenco (1921)
Pulcinella se estrenó el 15 de mayo de 1920 en la Ópera de París, otra vez con Ansermet: música de Stravinsky sobre partituras atribuidas entonces a Pergolesi —una atribución que la investigación posterior ha desmontado en buena parte—, libreto y coreografía de Massine, que además bailó el papel principal, y decorados y vestuario de Picasso. Para Stravinsky fue el arranque de su etapa neoclásica; para Picasso, la ocasión de llevar a escena los arlequines y pulcinellas que llevaba años pintando.
Cuadro flamenco, estrenado el 17 de mayo de 1921 en el Théâtre de la Gaîté-Lyrique de París, no era un ballet: era una suite de cante y baile andaluz —malagueña, tango gitano, farruca, alegrías, garrotín— interpretada por artistas flamencos reclutados en España, entre ellos María de Albaicín, la Rubia de Jerez, El Tejero y Estampío. La idea se le ocurrió a Diaghilev en Sevilla al terminar su temporada madrileña de 1921. El decorado iba a ser de Juan Gris, pero acabó en Picasso, que resolvió la escena con el teatro dentro del teatro: pintó el interior de una sala en rojos, negros y dorados, con palcos y espectadores dentro, de modo que el público de París miraba a un público pintado que miraba el mismo espectáculo. Diaghilev le había rechazado esa misma idea para Pulcinella.
Mercure y Le Train Bleu (1924): el telón que Picasso no pintó
Mercure se estrenó el 15 de junio de 1924 en el Théâtre de la Cigale de Montmartre, y conviene aclarar un malentendido frecuente: no lo produjeron los Ballets Rusos, sino las Soirées de Paris del conde Étienne de Beaumont. Música de Satie, coreografía de Massine, que bailó el papel titular, y decorados y vestuario de Picasso. Acabó en escándalo: los surrealistas vitorearon a Picasso y abuchearon a Satie a gritos, hubo que bajar el telón y la policía sacó de la sala a Louis Aragon. Diaghilev compró el ballet en 1926 y lo programó en 1927, la única vez en su carrera que adquirió una obra ya hecha.
Cinco días después, el 20 de junio de 1924, los Ballets Rusos estrenaron Le Train Bleu en el Théâtre des Champs-Élysées: música de Darius Milhaud, argumento de Cocteau, coreografía de Bronislava Nijinska, vestuario de Coco Chanel y decorado de Henri Laurens. Picasso solo puso el telón de boca, y ni siquiera lo pintó él: es la ampliación de un guache suyo de 1922, Dos mujeres corriendo por la playa (La carrera), de 34 por 42,5 centímetros, que el escenógrafo Alexander Schervashidze llevó a 6,78 por 8 metros sobre un lienzo de 10 por 11. A Picasso le gustó tanto la copia que la firmó y se la dedicó a Diaghilev. Se conserva en el Victoria and Albert Museum de Londres.
Los ballets de Picasso, uno a uno
| Obra | Estreno | Qué hizo Picasso |
|---|---|---|
| Parade (1917) | 18 de mayo de 1917 · Théâtre du Châtelet, París · Ballets Rusos | Telón, decorado y trajes, incluidos los tres managers cubistas de cartón |
| El sombrero de tres picos (1919) | 22 de julio de 1919 · Alhambra Theatre, Londres · Ballets Rusos | Telón, decorado y figurines |
| Pulcinella (1920) | 15 de mayo de 1920 · Ópera de París · Ballets Rusos | Decorados y vestuario |
| Cuadro flamenco (1921) | 17 de mayo de 1921 · Théâtre de la Gaîté-Lyrique, París · Ballets Rusos | Decorado (los palcos pintados) y vestuario |
| Mercure (1924) | 15 de junio de 1924 · Théâtre de la Cigale, París · Soirées de Paris | Decorados y vestuario (fuera de los Ballets Rusos) |
| Le Train Bleu (1924) | 20 de junio de 1924 · Théâtre des Champs-Élysées, París · Ballets Rusos | Solo el telón de boca, ampliado de un guache suyo de 1922 |
Olga Khokhlova, la bailarina con la que se casó
Olga Khokhlova (Nizhyn, hoy Ucrania, 17 de junio de 1891 – Cannes, 11 de febrero de 1955) bailaba en los Ballets Rusos desde 1912. Picasso la vio ensayar en Roma en 1917; ella dejó la compañía cuando esta partió de gira a Sudamérica y no volvió a bailar en público. Se casaron el 12 de julio de 1918 en la catedral ortodoxa rusa de la rue Daru de París, con Cocteau y Max Jacob entre los testigos. Su hijo Paulo nació el 4 de febrero de 1921. Se separaron en 1935, pero nunca llegaron a divorciarse. Olga es la modelo de una parte enorme de los retratos neoclásicos de Picasso: la danza no solo le dio encargos, le dio una cara que pintar durante años.
Las tres bailarinas (1925): el cuadro de la danza de Picasso
Si has llegado hasta aquí buscando «el cuadro de la danza de Picasso», casi seguro que es este. Las tres bailarinas (Les Trois Danseuses, traducido a veces como Los tres bailarines) es un óleo de 215 por 142 centímetros pintado en 1925, el año en que Picasso pasó la primavera en Montecarlo con Olga y con los Ballets Rusos. Empezó como una escena de bailarinas ensayando; la muerte, ese mismo año, de su viejo amigo Ramon Pichot lo cambió, y el propio Picasso dijo después que debería llamarse La muerte de Pichot. Las figuras rotas y convulsas entusiasmaron a los surrealistas: Breton lo reprodujo en Le Surréalisme et la peinture (1926). Picasso lo guardó cuarenta años y en 1965 se lo vendió a la Tate de Londres, donde sigue. Para su centenario, la Tate Modern le dedicó la exposición Theatre Picasso (septiembre de 2025 – abril de 2026).
Y una aclaración que ahorra confusiones: el gran cuadro de cinco figuras desnudas bailando en corro sobre fondo azul y verde, La danza, es de Henri Matisse (1909-1910; una versión en el MoMA de Nueva York y otra en el Ermitage de San Petersburgo), no de Picasso.
Qué le enseña esto a quien pisa un aula de ballet
Lo interesante de Picasso y la danza no está solo en las anécdotas. Está en cómo entendió la escena. En sus escenografías no se limitó a seguir lo estipulado: dentro de ese marco impuso interpretaciones muy distintas, buscando —igual que en su pintura— la realidad profunda de las formas, con otras dimensiones, otra densidad y otro juego de planos, ya fuera con una geometría arquitectónica que sugiere la estética de las ciudades o delimitando el espacio de forma estricta para subrayar el artificio teatral.
Y no se quedó en el fondo. Tuvo en cuenta la relación entre el bailarín y el decorado, y concibió los trajes en función de esa relación. Eso es exactamente lo que se comprueba en clase cada vez que un grupo se pone por primera vez el vestuario de una función: la falda cambia el ataque del pie, el tocado obliga a colocar la cabeza, la manga corrige el brazo. Cuando nuestros alumnos preparan el Cascanueces de diciembre o el festival de fin de curso, ese primer ensayo con traje es siempre el que más ordena el trabajo de todo el año.
La mayoría de estas obras se representan hoy poco —El sombrero de tres picos es la excepción—, pero merecen recordarse porque en ellas coincidieron, en el mismo escenario y en la misma semana, algunos de los mejores artistas de su tiempo. Si leer esto te ha dado ganas de ponerte tú a la barra, no hace falta haber empezado de niña: lo contamos sin adornos en nuestra guía honesta para empezar ballet de adulto y en la página de clases de ballet para adultos en Madrid. La clase de prueba gratuita es de las clases regulares en grupo: las clases particulares, incluido el baile de boda, no la incluyen.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos ballets diseñó Picasso?
Para los Ballets Rusos de Diaghilev trabajó en cinco espectáculos: Parade (1917), El sombrero de tres picos (1919), Pulcinella (1920), Cuadro flamenco (1921) y Le Train Bleu (1924), en este último solo el telón de boca. Fuera de la compañía firmó además los decorados y el vestuario de Mercure (1924), estrenado en las Soirées de Paris del conde Étienne de Beaumont y comprado por Diaghilev en 1926.
¿Cuál fue el primer ballet de Picasso?
Parade, estrenado el 18 de mayo de 1917 en el Théâtre du Châtelet de París, con argumento de Jean Cocteau, música de Erik Satie y coreografía de Léonide Massine. Picasso hizo el telón, el decorado y los trajes, entre ellos las construcciones cubistas de cartón de casi tres metros que llevaban los tres managers.
¿Qué cuadro es «la danza» de Picasso?
Casi siempre se refiere a Las tres bailarinas (Les Trois Danseuses), un óleo de 1925 de 215 por 142 centímetros que se conserva en la Tate de Londres desde 1965. Picasso lo pintó tras pasar la primavera en Montecarlo con los Ballets Rusos y lo asoció a la muerte de su amigo Ramon Pichot. El cuadro de cinco figuras bailando en corro que suele llamarse La danza es de Matisse (1909-1910), no de Picasso.
¿Quién era Olga Khokhlova?
Una bailarina de los Ballets Rusos, nacida en Nizhyn (hoy Ucrania) en 1891 y en la compañía desde 1912. Picasso la conoció en Roma en 1917, durante los ensayos de la compañía, y se casaron en París el 12 de julio de 1918. Fue la madre de su hijo Paulo y la modelo de muchos de sus retratos neoclásicos. Se separaron en 1935, nunca se divorciaron, y Olga murió en Cannes en 1955.
¿Dónde se pueden ver hoy los telones y ballets de Picasso?
El telón de Parade (10,5 por 16,4 metros) pertenece al Centre Pompidou de París; el de El sombrero de tres picos se expone en la New-York Historical Society de Nueva York, y el de Le Train Bleu está en el Victoria and Albert Museum de Londres. En escena, el Ballet Nacional de España baila El sombrero de tres picos con la escenografía y los figurines de Picasso, y su función de 2016 en el Teatro de la Zarzuela puede verse completa en el canal de YouTube del BNE.
