
El Ballet de la Ópera de París es la compañía nacional de ballet más antigua del mundo y una de las mejores, y verla en Madrid es un acontecimiento poco frecuente. En enero de 2019 sus estrellas actuaron en el Teatro Real con un programa en cuatro partes de Jerome Robbins, Hans van Manen y George Balanchine que muy pocas veces se puede ver en nuestra ciudad. Te contamos qué es esta compañía, qué trajo al Real y por qué merece la pena no perdérsela cuando vuelva.
Qué es el Ballet de la Ópera de París
Sus raíces están en la Académie Royale de Danse que fundó Luis XIV en 1661 y en la Académie d’Opéra de 1669: por eso se la considera la compañía nacional de ballet más antigua del mundo, y muchas compañías europeas e internacionales descienden de ella. Su escuela abrió en 1713 y sigue formando hoy a la inmensa mayoría de sus bailarines. La compañía cuenta con unos 154 bailarines organizados en una jerarquía muy estricta —quadrille, coryphée, sujet, premier danseur y, en la cima, étoile—; se asciende de rango por concurso anual, salvo las étoiles, que son nombradas al final de una función por la dirección de la Ópera. Baila sobre todo en el Palais Garnier y en la Ópera Bastilla, y desde diciembre de 2022 su director de danza es el español José Carlos Martínez, étoile de la compañía desde 1997 y antiguo director de la Compañía Nacional de Danza.
El programa que trajo al Teatro Real (2019)
Del 21 al 26 de enero de 2019 pudimos disfrutar en Madrid de un programa que se ve muy pocas veces, tanto por las piezas escogidas como por la compañía que las representaba. Las estrellas del Ballet de la Ópera de París trajeron un programa compuesto por Afternoon of a Faun y A Suite of Dances, coreografiadas por Jerome Robbins (sobre música de Debussy y de Bach, respectivamente); 3 Gnossiennes, de Hans van Manen, sobre música de Erik Satie; y dos obras de George Balanchine: Sonatine, sobre Ravel, y Rubis, la segunda parte de su ballet Jewels, con música de Stravinsky. La Orquesta Titular del Teatro Real tocó en directo bajo la dirección de Maxime Pascal. Para los que no conozcáis las piezas, aquí tenéis un fragmento de Rubíes:
Por qué merece la pena verlo
Primero, por la escuela: el estilo francés —limpieza de pies, brazos elegantes, una musicalidad muy particular— se ve en cada bailarín de la compañía porque casi todos han pasado por la misma escuela desde niños. Segundo, por el repertorio: un programa de piezas breves del siglo XX como este permite ver en una sola noche tres maneras muy distintas de entender la danza neoclásica. Y tercero, porque para un alumno de ballet ver a una compañía así en directo enseña cosas que no caben en una clase: la presencia escénica, la relación con la música en vivo y la naturalidad con la que se resuelve lo difícil. Si vuelven al Teatro Real, os animamos a ir; la ficha de aquellas funciones sigue en la web del Real.
En CDAM creemos que acercarse a este nivel también es formación, y por eso organizamos masterclasses con bailarines de grandes compañías —del Bayerisches Staatsballett o del American Ballet Theatre— abiertas a bailarines de todas las escuelas de Madrid.
