
Jewels («Joyas») es un ballet en tres partes que George Balanchine creó en 1967 para el New York City Ballet. Es un ballet muy especial porque rompe con la tradición narrativa: no cuenta ninguna historia. Cada parte —Esmeraldas, Rubíes y Diamantes— tiene su propio compositor y su propio estilo, y lo que se ve en escena es pura danza: técnica, música y la atmósfera que ambas crean juntas. Se le considera el primer ballet abstracto de velada completa y hoy está en el repertorio de las grandes compañías del mundo.
Por qué se dice que Jewels no tiene argumento
Porque no lo tiene: no hay personajes, ni libreto, ni una trama que seguir. La idea nació de un encuentro de Balanchine con el joyero Claude Arpels, de la casa Van Cleef & Arpels, y de ahí el título y los colores del vestuario de Karinska (verde, rojo y blanco). Pero el propio coreógrafo lo dejó claro: el ballet no trata de joyas, «los bailarines simplemente van vestidos como joyas». La piedra preciosa es solo el hilo que une tres piezas que, en realidad, se pueden ver como tres ballets distintos. Sin ningún argumento y solamente con la técnica se recrea la atmósfera adecuada para cada escena, y en cada una de sus tres partes se reflejan los tres países en los que el coreógrafo desarrolló su carrera: Francia, Estados Unidos y Rusia.
Esmeraldas: Fauré y el estilo francés
La primera parte, Esmeraldas, representa el ballet francés: se baila con música de Gabriel Fauré (fragmentos de Pelléas et Mélisande y Shylock) y evoca el estilo romántico del siglo XIX. Es la parte más suave y envolvente de la obra, de brazos fluidos y desplazamientos que parecen flotar; dura alrededor de media hora. En el estreno la encabezaron Violette Verdy y Mimi Paul.
Rubíes: Stravinsky y América
Rubíes es Estados Unidos: música de Igor Stravinsky (el Capriccio para piano y orquesta) y un aire desenfadado, enérgico y con acento jazzístico. Es la sección más corta y la más chispeante —caderas, flexiones, velocidad y humor— y por eso se programa muchas veces suelta, como pieza independiente. Sus primeros intérpretes fueron Patricia McBride, Edward Villella y Patricia Neary. En Madrid pudimos verla en 2019 en el programa que el Ballet de la Ópera de París trajo al Teatro Real.
Diamantes: Chaikovski y el imperio ruso
Como colofón final, Diamantes refleja el estilo imperial ruso: música de P. I. Chaikovski —la Sinfonía n.º 3, de la que Balanchine omitió el primer movimiento— y un homenaje al ballet de San Petersburgo en el que él mismo se formó. Es la parte de mayor formato, con un gran paso a dos y un final coral en forma de polonesa. Suzanne Farrell y Jacques d’Amboise fueron su primera pareja protagonista. El gran virtuosismo y la exigencia técnica de las tres partes han convertido a Jewels en un ballet de referencia, interpretado por los grandes bailarines de este arte en los principales escenarios del mundo.
Dónde ver Jewels
Además del New York City Ballet, que lo estrenó y lo baila cada temporada, lo han incorporado a su repertorio compañías como el Ballet de la Ópera de París, el Mariinsky, el Royal Ballet de Londres, el Bolshói, el Miami City Ballet o el San Francisco Ballet. Conviene mirar la programación de estas compañías porque a veces se representa completo y otras veces solo una de sus partes, sobre todo Rubíes. Aquí tenéis un pasaje de la obra: el paso a dos de Rubíes bailado por el Royal Ballet.
En CDAM el repertorio forma parte de la formación: además del trabajo académico, en nuestro itinerario de formación vocacional y profesional de ballet montamos variaciones y fragmentos de las grandes obras, porque es ahí donde la técnica se convierte en interpretación. Ballets como Jewels nos sirven para explicar a los alumnos que se puede emocionar sin contar una historia: solo con la música y el movimiento.
