El ballet clásico tiene acento español (y tú puedes bailarlo)

El ballet clásico tiene acento español. Marius Petipa, el coreógrafo de La bella durmiente, fue primer bailarín en Madrid antes de triunfar en Rusia; Paquita transcurre en Zaragoza, Don Quijote sale de Cervantes, Carmen es sevillana y hasta El lago de los cisnes tiene su danza española. Todo eso empieza en la barra, y ahí puedes empezar tú.

Bailarinas con abanicos rojos y faldas de volantes en una gala del Centro de Danza y Arte de Madrid: el acento español del ballet clásico

Antes de Rusia, Madrid: los años españoles de Petipa

Mucho antes de firmar La bella durmiente, Marius Petipa fue un joven bailarín francés con contrato en Madrid. Llegó en junio de 1844, con 26 años, como primer bailarín del Teatro del Circo, en la plaza del Rey, donde hoy está el Ministerio de Cultura. Era el teatro de moda: allí aplaudía la joven reina Isabel II, y allí tenía su casa el ballet mientras se terminaban las obras del Teatro Real, cuya primera piedra se había puesto en 1818, el año en que nació Petipa, y que no abrió hasta 1850. En el Circo bailó Giselle con la estrella de la compañía, la francesa Marie Guy-Stéphan, y allí se quedó hasta principios de 1847.

Si hoy pasas por la plaza del Rey, no busques aquel teatro: ardió en 1876. En su solar se levantó en 1880 el Circo Price, el circo de varias generaciones de madrileños, hasta que lo derribaron en 1970. Y el Price sigue vivo: hoy está en la Ronda de Atocha, en un edificio inaugurado en 2007 sobre el solar de una antigua fábrica de galletas.

Petipa llegó ya formado. Su maestro había sido su padre, el bailarín y coreógrafo Jean-Antoine Petipa, que le daba clase desde niño. En 1845 el padre se incorporó también al Teatro del Circo para dirigir su compañía de baile, así que padre e hijo compartieron teatro: uno al frente de la compañía y el otro como primera figura.

Lo que Madrid le dio fue el acento. En aquel escenario, los bailes españoles y los ballets románticos franceses convivían sin complejos: uno de los grandes éxitos del Teatro del Circo, en enero de 1845, fue el jaleo de Jerez que Guy-Stéphan bailaba en mitad de un ballet romántico, El diablo enamorado. Petipa conoció a fondo la danza española y ya no la soltó: en Rusia la llevó a sus ballets una y otra vez, y su Don Quijote es la mejor prueba.

Su salida de España parece de novela. En sus memorias, escritas muchos años después, contó que tuvo que irse tras batirse en duelo con un diplomático francés. La investigación posterior lo ha matizado: el duelo existió, pero fue en 1844, y lo que precipitó su marcha, en enero de 1847, fue su fuga a Francia con una joven aristócrata española a la que daba clases de baile y cuya familia se oponía a la relación.

Unos meses después estaba en San Petersburgo, y el primer ballet que montó allí, ese mismo 1847, fue Paquita: una historia que transcurre en Zaragoza, la ciudad que cada 12 de octubre celebra el Pilar. Él mismo bailaba a Lucien d’Hervilly, el joven militar francés del que se enamora Paquita, un papel que en París había estrenado su hermano mayor, que para rizar el rizo también se llamaba Lucien. Te contamos su argumento y su famoso Grand pas en nuestro artículo sobre el ballet Paquita.

La escuela bolera, la prima española del ballet clásico

Si el ballet tiene acento español, buena parte de ese acento viene de la escuela bolera, la danza académica española. No es casualidad que la danza española de El lago de los cisnes lleve en la partitura la indicación tempo di bolero, ni que la de Coppélia se titule, directamente, Boléro.

La escuela bolera se consolidó en el siglo XVIII y en el XIX se la llamaba, sin más, baile nacional. Se baila con castañuelas, con saltos, vueltas, trenzados (lo que en ballet llamamos baterías) y pasos de elevación muy difíciles, sobre una colocación de base académica, muy cercana a la del ballet. Por eso, si alguna vez ves un bolero, reconocerás pasos de una clase de ballet: muchos se llaman igual, como el échappé, el assemblé o el pas de bourré.

Es el puente natural entre las dos danzas y forma parte de nuestro patrimonio: la Junta de Andalucía la declaró Bien de Interés Cultural en 2012. Entre los bailes que protege figura el jaleo de Jerez, el mismo baile con el que Guy-Stéphan triunfaba en el Teatro del Circo cuando Petipa bailaba en Madrid.

Ocho ballets con acento español (y dónde encontrarlo)

Algunos llevan España en el título; otros la esconden en un solo número. Con estos ocho la reconocerás la próxima vez que vayas al teatro:

BalletEstrenoDónde está el acento español
PaquitaParís, 1846 (Petipa la montó en San Petersburgo en 1847)Transcurre en Zaragoza, durante la ocupación napoleónica.
Don QuijoteMoscú, Teatro Bolshói, 1869Entero: Petipa y Ludwig Minkus lo crearon a partir de la novela de Cervantes, y el primer acto transcurre en Barcelona.
CoppéliaParís, 1870El Boléro del segundo acto, la danza española de Léo Delibes: lo baila Swanilda haciéndose pasar por la muñeca.
El lago de los cisnesMoscú, 1877La danza española del tercer acto, en el baile de palacio.
El CascanuecesSan Petersburgo, 1892El Chocolate del segundo acto es una danza española (el chocolate llegó a Europa desde América a través de España).
LaurenciaLeningrado, Teatro Kírov, 1939Adapta Fuenteovejuna, de Lope de Vega, con coreografía de Vajtang Chabukiani y música de Aleksandr Krein.
CarmenLondres, 1949 (Roland Petit) y Moscú, 1967 (Carmen Suite, de Alberto Alonso)Entero: es la historia de la cigarrera sevillana de Mérimée y Bizet.
MajísimoLa Habana, 1965Divertimento de Jorge García con las danzas españolas del ballet de Le Cid, la ópera de Massenet sobre el Cid Campeador; sigue en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba.

Don Quijote merece mención aparte, y tiene truco: el caballero da título al ballet, pero los protagonistas de verdad son Kitri y Basilio, la Quiteria y el Basilio de las bodas de Camacho, uno de los episodios de la novela. Desde su estreno en el Bolshói se ha convertido en uno de los grandes títulos del repertorio, con abanicos, toreros y una Kitri que no para quieta, y su paso a dos final se baila a menudo suelto, en galas.

Diáguilev, Falla y Picasso: cuando los Ballets Rusos se enamoraron de España

En 1916, con la Primera Guerra Mundial dejando a su compañía sin escenarios, Serguéi Diáguilev aceptó la invitación de Alfonso XIII para bailar en el Teatro Real de Madrid. El rey se proclamó padrino de los Ballets Rusos, y cuentan que un día le preguntó a Diáguilev qué hacía exactamente en la compañía. «Majestad, soy como usted», le contestó. «No trabajo, no hago nada, pero soy indispensable». En el verano de 1916 siguieron en San Sebastián, donde estrenaron Las Meninas, inspirado en Velázquez, y volvieron a Madrid en 1917, 1918 y 1921.

La gira de 1918 los llevó por media España, y Diáguilev pidió a toda la compañía que observara y asimilara los bailes populares. Léonide Massine aprendió el zapateado y los ritmos andaluces con el bailarín Félix Fernández, y todo eso desembocó en El sombrero de tres picos: música de Manuel de Falla, coreografía de Massine y telón, decorados y figurines de Pablo Picasso. La obra tenía, además, pasado madrileño: había empezado como pantomima, El corregidor y la molinera, estrenada en 1917 en el Teatro Eslava, y Diáguilev convenció a Falla de convertirla en ballet. El ballet se estrenó en Londres el 22 de julio de 1919. Todo lo que Picasso hizo para la danza te lo contamos en Picasso y la danza.

Falla dejó otro título imprescindible: El amor brujo, estrenado en 1915 en el Teatro Lara de Madrid como gitanería para Pastora Imperio. Diez años después, en 1925, se convirtió en ballet en París, con Antonia Mercé, la Argentina, y Vicente Escudero.

Carmen, la sevillana que conquistó el ballet

Carmen nació en una novela de Prosper Mérimée, en 1845, y se hizo inmortal con la ópera de Georges Bizet, en 1875: una cigarrera de Sevilla que no se deja mandar por nadie. En el siglo XX, el ballet la hizo suya.

En 1949, Roland Petit estrenó en Londres su Carmen con su compañía, Les Ballets de Paris. Zizi Jeanmaire bailaba la protagonista con el pelo cortísimo, un corte que se convirtió en su seña de identidad, y el pintor barcelonés Antoni Clavé firmó los decorados y el vestuario. Aquella Carmen moderna y sensual causó sensación en Londres, en París y en Nueva York.

En 1967, en el Bolshói de Moscú, el coreógrafo cubano Alberto Alonso creó la Carmen Suite para Maya Plisétskaya. La música es de Bizet, pero reinventada por Rodión Shchedrín, compositor y marido de la bailarina, solo para cuerda y percusión. El escenario es una plaza de toros.

Y la historia sigue. En 1992, el sueco Mats Ek creó su Carmen para la bailarina zaragozana Ana Laguna, y en 2015 Johan Inger estrenó la suya con la Compañía Nacional de Danza en el Teatro de la Zarzuela de Madrid: aquel montaje ganó el premio Benois de la Danse a la mejor coreografía.

¿Y Petipa? En sus memorias aseguraba haber montado en Madrid un ballet titulado Carmen y su torero, pero no se ha encontrado ningún documento de la época que lo confirme. Como pasa con otras obras de tema español que decía haber creado aquí, de momento solo tenemos su palabra.

¿Y si empiezas tú? Así es la primera clase de ballet para adultos

Todas las Kitri, Paquita, Swanilda y Carmen de la historia empezaron igual: en la barra, con un plié en primera posición. Las cinco posiciones de los pies son las mismas en San Petersburgo, en La Habana y en Ciudad Lineal (te las explicamos en las 5 posiciones de ballet). Y quien empieza de adulto lo vive de una manera especial: entiende lo que hace, pone nombre a cada paso y, la próxima vez que vaya al teatro, verá el bolero de Coppélia o la danza española de El lago con otros ojos.

Así es tu primera clase en el Centro de Danza y Arte de Madrid, escuela especializada en ballet y centro autorizado de la Royal Academy of Dance:

Sin experiencia. Los grupos de iniciación son para principiantes que nunca han bailado: colocación, barra y primeros pasos del vocabulario clásico, a un ritmo que puedes seguir.

Sin flexibilidad previa. La flexibilidad es una consecuencia de las clases, no un requisito para entrar. Cada ejercicio se adapta a tu punto de partida.

Con ropa cómoda. El primer día no hace falta maillot ni zapatillas: basta con ropa cómoda y calcetines. Si quieres ir preparada o preparado, te contamos qué llevar a tu primera clase de ballet.

En un grupo de tu nivel. Calentamiento, barra durante la mayor parte de la hora y unos minutos en el centro con ejercicios sencillos, con corrección individual. Nadie te va a pedir una pirueta el primer día.

En nuestros grupos hay alumnas y alumnos que empezaron pasados los 50 y personas que retoman tras décadas, y los grupos de adultos también suben al escenario del festival de fin de curso. Si quieres saber qué esperar mes a mes, lo explicamos en nuestra guía para empezar ballet de adulto.

La primera clase es de prueba y gratuita. Para reservarla, escríbenos por WhatsApp y cuéntanos si has bailado antes: te proponemos grupo y día. Estamos en la calle Amós de Escalante 4, en Ciudad Lineal, junto al metro Pueblo Nuevo, y tienes toda la información en nuestras clases de ballet para adultos en Madrid.

Preguntas frecuentes

¿Qué ballets clásicos tienen tema o danzas españolas?

Los más conocidos son Paquita, que transcurre en Zaragoza, y Don Quijote, creado por Petipa y Minkus a partir de la novela de Cervantes. Coppélia tiene un bolero en el segundo acto, El lago de los cisnes una danza española en el tercero y El Cascanueces su danza española en el Chocolate. En el siglo XX se suman El sombrero de tres picos, de Falla, Massine y Picasso, y Carmen, con las versiones de Roland Petit y de Alberto Alonso.

¿Bailó Marius Petipa en Madrid?

Sí. Antes de triunfar en Rusia fue primer bailarín del Teatro del Circo, en la plaza del Rey, desde junio de 1844 hasta principios de 1847. El teatro ardió en 1876; en su solar estuvo después el Circo Price y hoy está el Ministerio de Cultura. Su padre y maestro, Jean-Antoine Petipa, dirigió la compañía de baile de ese teatro desde 1845. En Madrid conoció a fondo la danza española, que después llevó a sus ballets en Rusia, como Don Quijote.

¿Puedo empezar ballet de adulto sin haber bailado nunca?

Sí. Los grupos de iniciación para adultos son para principiantes: se trabaja la colocación, la barra y los primeros pasos del vocabulario clásico a un ritmo que puedes seguir. No hace falta experiencia previa, y en el Centro de Danza y Arte de Madrid la primera clase es de prueba y gratuita.

¿Hace falta ser flexible para empezar ballet?

No. La flexibilidad es una consecuencia de las clases, no un requisito para entrar. Se empieza por la postura y la técnica en la barra, con ejercicios adaptados a tu punto de partida y sin forzar.

¿Hay una edad límite para empezar ballet?

No. Se puede empezar a los treinta, a los cuarenta o pasados los cincuenta. Lo que decide tu grupo no es la edad, sino tu punto de partida técnico, y la primera clase sirve precisamente para conocerlo.

¿Y si hago el ridículo en mi primera clase de ballet?

Es el miedo más común y el que antes desaparece. Todo el grupo ha pasado por su primera clase, nadie te va a pedir una pirueta el primer día y la profesora corrige para enseñar, no para señalar. En clase vemos que la vergüenza suele durar dos o tres clases.

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