Una campesina descubre que su amado la engaña, pierde la razón y muere. A medianoche se levanta de la tumba entre las willis, novias muertas que hacen bailar a los hombres hasta matarlos, y le toca elegir: vengarse o salvarlo. Ese es el argumento de Giselle, el ballet de 1841 que coronó una década de espíritus en París.

Una noche de 1831: las monjas salen de sus tumbas
París, 21 de noviembre de 1831. La Ópera, que ilumina sus decorados con gas desde 1822, estrena Robert le diable, de Giacomo Meyerbeer. En el tercer acto, el público ve un claustro en ruinas bañado por la luz de la luna. Las tumbas se abren. Salen las monjas difuntas, y al frente va su abadesa: Marie Taglioni.
Es solo un cuadro dentro de una ópera, pero suele considerarse el primer ballet blanco: bailarinas vestidas de blanco que no interpretan a personas, sino a almas. Durante casi medio siglo, el ballet volvería una y otra vez a ese mundo. Para entender por qué, basta seguir cuatro estrenos.
1832: la sílfide, un espíritu que no pesa
Unos meses después, el 12 de marzo de 1832, Taglioni volvió a la Ópera como protagonista de La sílfide, que creó para ella su padre, Filippo Taglioni. La historia es mínima: James, un joven escocés a punto de casarse, se enamora de un espíritu del aire. Quiere retenerla. La bruja Madge le da un chal y, cuando él se lo pone a la sílfide, a ella se le caen las alas y muere.
Con La sílfide llegó la imagen que todavía asociamos al ballet romántico: un vestido blanco, largo y vaporoso, que se atribuye al pintor Eugène Lami y que fijó el tutú romántico, el que cae por debajo de la rodilla. El tutú corto y rígido llegó mucho después (te contamos cómo se hace un tutú de plato).
Y llegó algo más difícil de ver: la ilusión de que una mujer no pesa. Taglioni no fue la primera en subirse a las puntas; en la década de 1820, Amalia Brugnoli ya lo hacía. Fue la que las convirtió en expresión, sin esfuerzo aparente, con unas zapatillas de satén sin puntera rígida que apenas sostenían el pie. La versión que ha llegado viva hasta hoy es la que August Bournonville estrenó en Copenhague en 1836.
1841: Giselle y la leyenda de las willis
Lo siguiente empezó en un libro. En De l’Allemagne (1835), el poeta Heinrich Heine contaba una leyenda que presentaba como eslava: las novias que mueren antes de la boda salen de sus tumbas a medianoche y obligan a bailar al joven que se cruza con ellas hasta que cae muerto.
Las willis (también se escribe wilis) son eso: espíritus de jóvenes que murieron antes de su boda. Théophile Gautier leyó a Heine y, con Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges, convirtió la leyenda en libreto. Adolphe Adam escribió la música, y el 28 de junio de 1841 la Ópera de París estrenó Giselle. La coreografía figuró a nombre de Jean Coralli, pero los bailes de la protagonista los creó Jules Perrot, sin salir en el cartel, para Carlotta Grisi.
Giselle ballet: argumento completo, acto por acto
Acto I: de día, en un pueblo de Renania
Es la vendimia. Giselle es una campesina alegre, frágil de salud, que solo quiere bailar, y está enamorada de Loys. No sabe que Loys es Albrecht, un noble disfrazado. Su madre, Berthe, teme por su corazón y le cuenta la leyenda de las willis.
Hilarión, el guardabosques, también la quiere y desconfía del forastero. Cuando una partida de caza de la corte llega al pueblo con Bathilde, la prometida de Albrecht, Hilarión saca la espada que el noble tenía escondida y lo desenmascara delante de todos.
Llega la escena de la locura. Giselle se suelta el pelo, repite rota los pasos que bailó con él, coge la espada. Su corazón no lo resiste. No hay saltos de lucimiento: es teatro puro, y es ahí donde se ve a una gran intérprete.
Acto II: de noche, en el bosque de las willis
A medianoche, junto a la tumba, Myrtha, la reina de las willis, convoca a las suyas, y Giselle se levanta convertida en una de ellas. En escena son un cuerpo de baile de blanco, con el torso un poco inclinado hacia delante y los brazos más bajos y suaves que en otros ballets, que cruza el escenario como niebla.
Hilarión, que ha venido a velarla, es la primera víctima: lo obligan a bailar hasta agotarlo y, en la mayoría de las producciones, lo arrojan al lago. Albrecht también acude a la tumba con flores (en muchas producciones, lirios blancos), y Myrtha le impone la misma condena.
Aquí está la elección del principio. Giselle podría vengarse. En lugar de eso, baila con él y sostiene sus fuerzas hasta el alba, la hora en que las willis pierden su poder. Ella vuelve a su tumba en paz; Albrecht queda vivo. El gran ballet de los espíritus termina con un perdón.
1877: las sombras bajan una a una
Treinta y seis años después, los espíritus cambiaron de ciudad. El 4 de febrero de 1877 (23 de enero en el calendario ruso de la época), Marius Petipa estrenó La bayadera en el teatro Bolshói Kámenny de San Petersburgo, con música de Ludwig Minkus. Nikiya, bailarina de un templo, muere por la mordedura de una serpiente escondida en un cesto de flores. Solor, el guerrero que la amaba, se refugia en el opio y sueña que la encuentra en el Reino de las Sombras.
Entonces aparece una bailarina al fondo, en lo alto de una rampa (en zigzag, en muchas producciones). Una pierna se alarga hacia atrás, el torso se arquea, dos pasos adelante. Detrás aparece otra, y otra, con la misma frase de movimiento, hasta llenar el escenario. Se cuenta que Petipa se inspiró en los grabados de Gustave Doré para el Paraíso de Dante. En su reposición de 1900 eran 48 sombras; las compañías de nuestros días suelen sacar 24 o 32. En 1961, el Ballet Kírov dio a conocer este acto en París.
| Año | Obra | Quiénes son | La imagen |
|---|---|---|---|
| 1831 | Robert le diable (ópera) | Monjas difuntas | Salen de sus tumbas en un claustro, a la luz de la luna |
| 1832 | La sílfide | Un espíritu del aire | El tutú romántico y una bailarina que parece no pesar |
| 1841 | Giselle | Las willis, novias muertas antes de la boda | Un cuerpo de baile de blanco en el bosque, de noche |
| 1877 | La bayadera | Las sombras, almas de otro mundo | Una fila de bailarinas que baja por una rampa |
Por qué nos siguen emocionando
Halloween es la víspera de Todos los Santos: su nombre viene de All Hallows’ Eve, la noche anterior al 1 de noviembre, y el día 2 se recuerda a los difuntos. Ninguna tradición une Giselle a estas fechas. Pero el parentesco existe.
Casi doscientos años después de aquella sílfide, seguimos mirando a estas criaturas sin miedo, porque el ballet romántico no las subió al escenario para asustar. Las willis no son terror: son el amor que no llegó a la boda, la memoria de quien se fue y, en el caso de Giselle, un perdón que salva una vida.
La ligereza de una willi no es magia: se entrena
Hay una ironía en todo esto: para parecer que no pesas hace falta mucha fuerza. Lo que en escena es niebla, en el aula es trabajo concreto. Pies y piernas fuertes. Caídas suaves que amortiguan con las rodillas. Un abdomen y una espalda que sostienen el torso inclinado. Unos brazos que nacen de la espalda, no de las manos. Lo construimos en la barra, clase a clase.
Y no hace falta haber bailado antes para empezar. En CDAM, las clases de adultos van en grupos por nivel, también para quien empieza o vuelve después de años; te lo contamos con calma en empezar ballet de adulto. Escríbenos por WhatsApp al 680 50 96 73 y te contamos horarios y cómo empezar.
Si vas a ver Giselle
Tres consejos desde el aula. En el acto I, fíjate en la pantomima: casi todo se cuenta con gestos. En el acto II, deja de buscar la historia y mira las imágenes. Y compara a la protagonista en la escena de la locura con su primera aparición como willi: ahí está el papel entero. La función dura entre dos horas y dos horas y cuarto, con un descanso, y la versión que bailan las compañías desciende sobre todo de las reposiciones de Marius Petipa en San Petersburgo.
A nosotros Giselle nos toca de cerca: nuestra directora la bailó con el Joven Ballet Attitude, que la estrenó en Madrid en 2012, y lo recordamos en la crónica de aquel estreno. En la formación vocacional seguimos montando repertorio clásico: variaciones y fragmentos de las grandes obras.
Preguntas frecuentes
¿Qué son las willis en Giselle?
Son los espíritus de jóvenes que murieron antes de su boda. Según la leyenda que recogió el poeta Heinrich Heine, salen de sus tumbas a medianoche y obligan a bailar hasta la muerte a cualquier hombre que encuentran. En el ballet forman el cuerpo de baile vestido de blanco del acto II, gobernado por su reina, Myrtha, y Giselle se convierte en una de ellas tras morir.
¿Quién es el autor de Giselle?
La música es del compositor francés Adolphe Adam y el libreto, de Théophile Gautier y Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges, a partir de una leyenda que Gautier leyó en Heinrich Heine. La coreografía del estreno, el 28 de junio de 1841 en la Ópera de París, figuró a nombre de Jean Coralli, aunque los bailes de la protagonista los creó Jules Perrot.
¿Cuánto dura el ballet Giselle?
Una función de Giselle dura entre dos horas y dos horas y cuarto, con un descanso entre los dos actos. Cada acto dura unos 50 minutos, según la producción. El primero transcurre de día en el pueblo y termina con la muerte de Giselle; el segundo, de noche junto a su tumba, en el bosque de las willis.
¿Qué es el ballet blanco?
Se llama ballet blanco, o acto blanco, a las escenas en las que la protagonista y el cuerpo de baile van vestidos de blanco y encarnan seres de otro mundo: sílfides, willis, sombras o mujeres cisne. Nació con el romanticismo, hacia 1831 y 1832, y sus ejemplos más conocidos son el acto II de La sílfide, el de Giselle, el Reino de las Sombras de La bayadera y los actos del lago de El lago de los cisnes.
¿Qué es el Reino de las Sombras de La bayadera?
Es el acto en el que Solor, bajo el efecto del opio, sueña que se reúne con Nikiya, la bailarina muerta, en el mundo de las almas. Empieza con una de las entradas más célebres del ballet: las sombras bajan de una en una por una rampa, repitiendo la misma frase de movimiento hasta llenar el escenario. Lo creó Marius Petipa en San Petersburgo en 1877.


