Alicia Alonso: la Giselle que bailó casi ciega

Alicia Alonso (La Habana, 1920-2019) fue la prima ballerina assoluta cubana que bailó durante décadas estando casi ciega. Convirtió Giselle en su papel legendario, fundó la compañía que hoy es el Ballet Nacional de Cuba y resolvió su ubicación en escena con luces guía, marcas físicas y partenaires entrenados al milímetro.

Bailarina en pose romántica sobre puntas evocando la Giselle de Alicia Alonso

Quién fue Alicia Alonso: la bailarina que no aceptó un no

Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo nació en La Habana el 21 de diciembre de 1920. Empezó a estudiar ballet de niña en su ciudad y, siendo aún adolescente, se marchó a Nueva York para seguir formándose y abrirse camino en las compañías americanas. Allí la conocieron ya como Alicia Alonso, el apellido de su marido, el también bailarín cubano Fernando Alonso.

Su carrera despegaba cuando llegó el golpe: a principios de los años cuarenta, con apenas veinte años, le diagnosticaron un desprendimiento de retina. Pasó por varias operaciones y por meses de convalecencia con una orden médica casi imposible de cumplir para una bailarina: quedarse quieta. Cuenta ella misma en numerosas entrevistas que, inmovilizada en la cama, repasaba los ballets con los dedos, marcando sobre las sábanas los pasos de Giselle como si sus manos fueran sus piernas. Cuando por fin volvió al estudio, había perdido buena parte de la visión para siempre. Y aun así decidió que iba a bailar.

La Giselle legendaria de Alicia Alonso

El 2 de noviembre de 1943, en Nueva York, el Ballet Theatre necesitaba una Giselle de urgencia: Alicia Markova, la estrella de la compañía, había caído enferma. Le ofrecieron el papel a Alonso, que apenas pudo preparar la función con unos pocos ensayos junto a su partenaire, Anton Dolin. Salió a escena casi sin visión, con un papel que había aprendido con los dedos desde una cama, y triunfó.

Aquella noche nació una de las Giselles de referencia del siglo XX. Alonso no se limitó a bailar el papel: lo habitó. Su campesina ingenua, su escena de la locura y su segundo acto de espíritu etéreo se convirtieron en modelo de estilo romántico, y ella siguió puliendo el personaje durante décadas, hasta el punto de montar su propia versión del ballet para compañías de medio mundo. Si no conoces la historia de este ballet, te la resumimos en nuestra crónica del Giselle del Joven Ballet Attitude, la compañía con la que bailó este ballet nuestra directora: entenderás por qué es el papel romántico por excelencia.

Hay algo profundamente simbólico en que fuera precisamente Giselle su papel de consagración. Giselle es una historia de fragilidad y de fuerza al mismo tiempo, de alguien que se rompe y regresa transformada. Pocas bailarinas han podido contarla desde una experiencia tan literal.

Cómo bailaba casi ciega: luces guía, un cable y partenaires exactos

Aquí está la parte que más nos fascina como profesoras: la técnica invisible detrás del mito. Alonso conservaba una visión parcial de un ojo y carecía de visión periférica. En un escenario, eso significa no ver dónde acaba el suelo, no distinguir al partenaire que se acerca y no tener referencias para girar. Lo resolvió con un sistema tan ingenioso como riguroso:

Luces guía de colores. Pedía que se instalaran focos potentes de distintos colores en puntos concretos del escenario. Cada luz era una referencia espacial: sabía, por ejemplo, que si entraba en el haz de los focos delanteros se estaba acercando demasiado al foso de la orquesta. Donde otros veían iluminación, ella leía un mapa.

Un cable en el borde del escenario. En muchas funciones se tendía un fino alambre a la altura de la cintura a lo largo del borde del proscenio. Si lo rozaba, sabía exactamente dónde estaba. Una frontera táctil donde la vista no llegaba.

Partenaires entrenados al milímetro. Sus compañeros de escena tenían una instrucción innegociable: estar siempre en el punto exacto donde ella los esperaba, sin desviarse ni un palmo. Gran parte de su baile transcurría dentro del círculo de los brazos de su partenaire, que la conducía de una referencia a otra. La confianza no era una metáfora: era la condición para que ella pudiera lanzarse a un giro o a un salto.

A eso se sumaba una memoria espacial prodigiosa: contaba pasos, medía diagonales y estudiaba cada escenario antes de bailar en él. En clase lo repetimos a menudo: la técnica bien construida es la que te sostiene cuando lo demás falla. El caso de Alonso lo demuestra de forma extrema. No bailaba «a pesar de» su método; su método era su libertad.

Cuba y el ballet en español: la escuela cubana

En 1948 Alonso volvió a La Habana y fundó, junto a Fernando Alonso, su propia compañía, germen del actual Ballet Nacional de Cuba. En un país sin apenas tradición de danza clásica, aquello era casi una quijotada; con los años se convirtió en una de las compañías más respetadas del mundo y en una cantera inagotable de figuras que hoy bailan en las mejores compañías internacionales.

De ese proyecto nació también la llamada escuela cubana de ballet: una manera propia de enseñar y de bailar que parte de la tradición clásica y le añade musicalidad, expresividad y un trabajo muy cuidado del equilibrio y los giros. Es uno de los grandes regalos del ballet en español al mundo: demostró que la danza clásica no era patrimonio exclusivo de Rusia, Francia o Inglaterra, y que se podía formar a bailarines de primerísimo nivel en un país hispanohablante, con identidad propia. Carlos Acosta, formado en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba y cuya vida cuenta la película Yuli, es uno de sus grandes ejemplos.

Alonso dirigió su compañía hasta el final de su vida. Murió en La Habana el 17 de octubre de 2019, a los 98 años, convertida en una leyenda que había seguido subida a los escenarios hasta pasados los setenta.

Qué puede enseñarte Alicia Alonso si bailas (o quieres empezar)

No hace falta aspirar a prima ballerina para quedarse con las lecciones de su historia. En el aula las vemos cada semana:

Los límites se trabajan, no se aceptan sin más. Alonso no negaba su ceguera: la estudiaba y construía soluciones concretas. Si crees que llegas tarde al ballet, que tu cuerpo no es «de bailarina» o que la flexibilidad no te acompaña, el enfoque es el mismo: análisis, método y paciencia. Muchas alumnas empezaron en los grupos para principiantes de nuestras clases de ballet para adultos en Madrid y hoy bailan en el escenario del festival de fin de curso; si te lo estás pensando, te contamos cómo empezar ballet de adulto.

La confianza en los demás también se entrena. Sus partenaires eran parte de su técnica. En una compañía pasa igual: aprender a bailar con otros, a sostener y dejarse sostener, transforma tu manera de estar en escena. Es una de las experiencias que viven los bailarines de nuestra compañía CDAM, que tiene Giselle completo en su repertorio y donde el trabajo escénico se prepara con la misma exigencia y el mismo cuidado.

La memoria del cuerpo es real. Repasar mentalmente una variación, marcarla con las manos, visualizarla antes de dormir: lo que Alonso hizo por necesidad es hoy una herramienta de estudio que recomendamos a cualquier alumna vocacional. El cerebro también ensaya.

Preguntas frecuentes

¿Alicia Alonso era completamente ciega?

No del todo. Tras el desprendimiento de retina y varias operaciones conservó una visión parcial de un ojo y perdió la visión periférica, con etapas mejores y peores a lo largo de su vida. En la práctica bailaba casi ciega: necesitaba luces guía, marcas y partenaires colocados con exactitud para ubicarse en el escenario.

¿Cuándo nació y cuándo murió Alicia Alonso?

Nació en La Habana el 21 de diciembre de 1920 y murió en la misma ciudad el 17 de octubre de 2019, a los 98 años. Dirigió el Ballet Nacional de Cuba hasta el final de su vida.

¿Por qué es tan famosa la Giselle de Alicia Alonso?

Debutó en el papel el 2 de noviembre de 1943 en Nueva York, sustituyendo de urgencia a Alicia Markova con muy pocos ensayos y una visión ya muy dañada, y fue un éxito. Su interpretación, refinada durante décadas, se considera una de las grandes referencias del estilo romántico del siglo XX.

¿Qué relación tiene Alicia Alonso con la escuela cubana de ballet?

En 1948 fundó en La Habana, junto a Fernando Alonso, la compañía que dio origen al Ballet Nacional de Cuba. De ese proyecto surgió la escuela cubana de ballet, un método de formación propio reconocido en todo el mundo por su musicalidad, su expresividad y su dominio de giros y equilibrios.

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